¿Tamales de carne humana?; la terrible historia de un asesino en Morelia
- Redacción

- 2 feb
- 4 min de lectura
Actualizado: 13 may

¿Tamales de carne humana?; la terrible historia de un asesino en Morelia
Especiales: Publicado en nuestro portal originalmente el 2 de febrero de 2020: https://acortar.link/v57YGt
Morelia, Michoacán; lunes 2 de febrero de 2026.- La noche del 22 de abril de 2004, agentes policiales encontraron carne humana en plena cocción dentro de dos ollas vaporeras en una casa arrendada por un vendedor ambulante de comida, junto a varios kilos de masa para preparar tamales, así como salsas, atole y dos puestos para salir a vender.
Tras un reporte al 911 por parte de una llamada anónima, se encontró dentro de una vecindad del centro de Morelia, en uno de los cuartos - departamentos a un tamalero, con carne humana en plena cocción, en cinco ollas. "Sólo encontramos el tronco y la cabeza", dieron a conocer las autoridades. Y es que el reporte que alertó a las autoridades en la calle Fernández de Córdoba con el numero 122, ya emitía olores desagradables a la vía pública y desde entonces, nació el mito, ¿En verdad el asesino hizo tamales de carne humana y logró venderlas? Esta es la verdadera historia.

Únete a nuestro canal de WhatsApp En Emprendedor Político enviamos a tu dispositivo móvil las noticias más relevantes del día que ocurren en Morelia y el resto de Michoacán.
El hombre detenido que responde al nombre de Carlos Constantino Machuca, solía vender tamales frente al Hospital Civil de Morelia cuando se ubicaba en la colonia Cuauhtémoc, a unas cuadras donde vivía. Cuando fue detenido, afirmó que descuartizó a un compañero de parranda después de una pelea durante una noche de borrachera, y que cocinó su carne solo para "dársela a las ratas" y a los perros con la intención de borrar cualquier evidencia.

LEER TAMBIÉN: Soldados resultaron mal heridos por la explosión de una mina terrestre en Tepalcatepec, Michoacán
NOTICIA DE IMPACTO | Autoridades desactivan red de Cámaras de vigilancia ilegales en Jacona Michoacán
LOS HECHOS
Hábil desde joven en el manejo de cuchillos, Carlos "El Tamalero", dice arrepentirse de haber cometido uno de los crímenes más atroces que recuerda la memoria colectiva de los morelianos, al destazar a su amigo para luego cocer la carne supuestamente para prepararlo en tamales.
Desde una celda provisional en Morelia, asegura una y otra vez que la carne la iba a arrojar por el drenaje para que se la comieran las ratas.
Sin sobresaltos, narra cómo mató a José Rigoberto Zavala Lara, de 61 años de edad, un vendedor ambulante, casado y con seis hijos.
200 tamales listos para la venta
La policía encontró 200 tamales listos para la venta en la casa, de inmediato estos fueron sometidos a pruebas de laboratorio para determinar qué clase de carne se utilizó en su elaboración. El resultado, carne de animales como cerdo y pollo. Su intención nunca fue elaborar tamales con carne humana y ahí es donde el mito y la leyenda se caen en el horror construido por los medios de comunicación y la sociedad.
Le faltaron ollas
"El tamalero", de 56 años, confesó que no alcanzó a cocer todo el cuerpo de la víctima porque le faltaron ollas. Cuando el hombre fue interrogado afirmó que aquellos 200 tamales no eran de humano, sino de pollo y sobre el sujeto asesinado mencionó que lo mató tras una riña. ¿Cuál fue el motivo?
"Lo maté porque siempre me había molestado. Decía que él era más fuerte que yo y ayer discutimos bajo el influjo del alcohol. Incluso me pegó unas cachetadas y eso me hizo perder la cabeza, por eso agarré un cuchillo y le propiné cuatro heridas de muerte", confesó.
Tras matar al hombre, El Tamalero no supo qué hacer con el cuerpo, por lo que decidió cocinarlo para posteriormente dárselo a las ratas.
"A los perros también les di unos huesos, pero no les gustaron", afirmó.
La policía encontró abierta la puerta de la casa del tamalero quien vendía su producto principalmente a las puertas de los hospitales Civil e Infantil, por lo que entró al inmueble sin mayor problema, pero para ingresar al patio tuvo que sacrificar a balazos a los dos perros que tenía el acusado, porque estaban muy bravos. Horas después, a los cuerpos de los animales también se les realizó la necropsia, a fin de determinar si habían consumido carne humana.
El inculpado fue detenido también de una manera extraña, en virtud de que cuando la Policía Ministerial y los peritos realizaban su trabajo y los preventivos resguardaban el lugar, él se encontraba entre los mirones, como cualquier otro curioso, hasta que alguien gritó: ¡Ése es el tamalero! ¡Ahí está el asesino!, y entonces las autoridades procedieron a arrestarlo.
Hoy por hoy desde el Cereso de Mil Cumbres en Morelia, dice arrepentirse de haber cometido uno de los crímenes más atroces al destazar a su propio amigo para luego cocer la carne.

Si te intereso esta noticia, ¡Compártela con tus amigos o en tus redes sociales!









Comentarios